julio 05, 2009

¿Cuántas vacas tienes en tu cabeza?

Parece imposible cargar con una vaca en la cabeza, y mucho más imposible con varias. Pero por más descabellado que parezca existen personas cuyas cabezas han pasado a ser una especie de establo en el que alimentan y cuidan a un gran número de este animal.

No soy muy amigo de los libros de autoayuda, porque mi sentido de la espiritualidad me dice otra cosa. Pero no pude evitar la atracción que produjo en mí un libro de tapa muy colorida que vi entre los anaqueles de una librería Borders. Se trata de “La vaca” de Camilo Cruz —el libro le llama Dr. Camilo, pero esos títulos tampoco me gustan, así que le voy a llamar simplemente Camilo Cruz.

Y es que el motivado principal para que tomara este libro en mis manos fue la portada, porque me hizo recordar un cuento-poema que había en uno de mis libros de textos de la primaria —creo que en tercer grado— que se llamaba “La vaca estudiosa”. Y aunque esto no fue lo que encontré dentro, me gustó mucho su contenido.

Camilo Cruz llama “vaca” a todas las excusas y justificaciones que anteponemos al logro de nuestros objetivos o metas. Y aunque parezca un poco cruel, la única forma de deshacernos de estas terribles vacas, no es llevándolas a pacer a ricas dehesas y dejarlas allí abandonadas, sino degollándolas sin piedad.

Lo de “vaca” proviene de una leyenda en la que un maestro busca enseñar una lección a su alumno; lo lleva a la casa más pobre de un barrio marginado, cuya única fuente de subsistencia es una vaca. El maestro asesina la vaca ante los ojos atónitos del alumno.

Un año más tarde el maestro y su alumno vuelven al barrio, y en el lugar que estaba el tugurio se encontraba una hermosa casa. El jefe de familia dijo que todo se lo agradecían a la muerte de la vaca, ya que al ésta faltar la familia tuvo que ingeniárselas para sobrevivir y salir adelante.

Camilo Cruz enseña que una “vaca” es todo aquello que te lleva a un estado de conformidad-mediocridad que te hace pensar que estás bien, que hay otros en peores circunstancias, que por lo menos tienes esto o aquello. Todas esas son vacas que detienen a las personas y les impiden salir en busca de lo que realmente anhelan.

Y lo peor son las formas que adquieren las vacas: mentirillas blancas, refranes como ‘más vale poco que nada’, excusas, justificaciones, pretextos, evasivas. Si meditamos un poco, nos daremos cuenta que todo esto lo único que hace es alejarnos de ser lo que soñamos.

Un trabajo que no nos gusta, pero que nos devenga buenos ingresos, lo único que hace es alejarnos de lo que verdaderamente queremos y disfrutamos hacer. Y, como afirma el Camilo Cruz, la vida es muy corta como para pasársela haciendo algo que no nos gusta.

Desde que leí “La vaca” mi cabeza se ha convertido en un gran matadero, pues fueron muchas las vacas que me encontré en ella: quisiera leer más pero no tengo tiempo, quisiera escribir más pero tampoco tengo tiempo. Todas esas excusas son vacas que nos dejan varados a la orilla del gran río del éxito, y mientras no nos decidamos a matarlas, seguiremos atados a una vida promedio.

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