octubre 28, 2009

Al Filo del Agua

Hacía mucho que no me encontraba con uno de esos libros que producen fiebre de lectura. “Al filo del agua”, del escritor mexicano Agustín Yánez, es considerada por la crítica como una de las mejores novelas mexicanas del siglo XX, junto a obras como “Pedro Páramo”, de Juan Rulfo; y “Los de Abajo”, de Mariano Azuela.

Empecé a leer esta novela en un ejemplar que me llamó mucho la atención, pues es uno de esos libros que parecen físicamente confeccionados a retazos. Al tomarlo entre mis manos, empecé a hojearlo, y entre sus páginas me perdí en cuadernillos que descubrí extraviados en un claro desperfecto de la edición, hasta que pude encontrar el camino de regreso al final de la obra.

Con un trasfondo religioso-cultural y sociopolítico, esta novela pertenece al denominado género de la Novela Revolucionaria Mexicana, que según el fallecido catedrático Antonio Castro Leal es “el conjunto de obras narrativas, de una extensión mayor que el simple cuento largo, inspiradas en las acciones militares y populares, así como en los cambios políticos y sociales que trajeron consigo los diversos movimientos (pacíficos y violentos) de la Revolución”.

“Al filo del agua”, cuyo título hace referencia a una expresión popular que se utiliza para decir que está a punto de llover, está situada geográficamente en el estado de Jalisco, en los inicios del siglo XX, en donde la religiosidad —catolicismo— jugaba un papel predominante en todos los aspectos de la vida social y cultura.

Esta influencia de la Iglesia católica es manifestada a través del cura párroco, que se esfuerza en mantener un severo control sobre la vida de sus fieles. El pueblo poco a poco va fundiendo su diario vivir con los cultos litúrgicos. Pero esto no impide que se sucedan una serie de abusos, crímenes y pecados propios de la sociedad de la época.

La psicología de los personajes es clave en la narración de “Al filo del agua”, ya que el autor se adentra en lo recóndito de los deseos y de los pensamientos —conscientes y subconscientes— para mostrar hasta qué grado la religiosidad influye en la vida y en la personalidad del individuo. Y estos pensamientos son exteriorizados en acciones que en muchos casos van en detrimento de los principios religiosos.

Esta novela me dejó una sensación única, ya que la absorbente vida religiosa que se muestra en esta narración no es solamente propia del ambiente y el país en que se ubica la obra. Lo es de todos los países de América Latina, en donde la iglesia tiene aún en nuestros días un papel preponderante en los asuntos de estado o políticos. Y esta injerencia en muchos casos contamina la vida religiosa o espiritual de cada individuo.

Agustín Yánez es uno de los precursores de la novela mexicana moderna. Tuvo una amplia trayectoria política: fue gobernador del estado de Jalisco; y literaria: escribió ensayo, cuento y novela. Pero de toda sus obras, “Al filo del agua” es la más importante, ya que marca un antes y un después en la literatura de México, por ser, según especialistas, la primera obra que implementa el uso de técnicas y estilos europeos y estadounidenses.

Definitivamente la verdadera y buena literatura no se acaba ni se acabará jamás mientras existan los clásicos —regionales o universales—. Ante un mercado del libro que cada vez se vuelve más competitivo y puramente comercial, es un aliciente encontrar libros de una calidad literaria pura y dignos de leerse no una, sino muchas veces.

octubre 19, 2009

Vigencia de “Crimen y castigo”

Sin duda alguna la literatura clásica juega un papel trascendental en el estudio actual de todos los géneros de vanguardia. Para quienes empiezan a andar los vastos senderos de la literatura, las obras clásicas son uno de los pilares más importantes, sin dejar a un lado las contemporáneas.

Hace algunos días terminé de leer “Crimen y castigo” del escritor ruso Fyodor Dostoyevski, una novela de grandes valores narrativos. Fue publicada por primera vez en 1866 en un diario llamado El Mensajero Ruso, en doce partes.

La trama se desarrolla en la Rusia zarista del siglo XVIII, teniendo como escenario la majestuosa ciudad de San Petersburgo, y gira en torno a la vida de un estudiante empobrecido llamado Rodion Romanovich Raskolnikov, quien decide asesinar a una vieja usurera más que para robarle y resolver sus problemas financieros, para liberar a la humanidad de la maldad de la anciana.

Luego de asesinar a la anciana y a la hermana de ésta, Isabel, quien llegó momentos después del crimen, Raskolnikov toma solamente parte de las pertenencias de la usurera, lo esconde enterrándolo debajo de una piedra, y más tarde se lo regala a Sonia para que entierre a su padre Semyon Zakharovich Marmeladov, que murió atropellado por un coche mientras cruzaba una calle en estado de embriaguez.

Sin embargo, después de cometer el crimen Raskolnikov se enferma por los cargos de conciencia que le produce el asesinato, y al final, asediado por la culpa decide entregarse a la Justicia, que ya tenía a otro como el culpable. A partir de entonces vemos surgir a un nuevo protagonista, pero con ese carácter de inconciencia que siempre le caracterizó.

La novela está dividida en seis partes y un epílogo, y descubre al lector la línea entre la pobreza (encarnada en el joven estudiante) y la riqueza (que personaliza la vieja usurera), y el deseo de volar esta línea es la que lleva a Raskolnikov a cometer el asesinato, como ocurre en la realidad.

Relatada en tercera persona, con un narrador omnisciente, “Crimen y castigo” presenta los hechos desde la perspectiva de Raskolnikov, aunque algunas veces cambia para exponer el punto de vista de otros personajes importantes.

Considerado uno de los clásicos de la literatura rusa, y de la universal, “Crimen y castigo” es una de esas grandes obras que no se pueden dejar de leer. Entre sus páginas hay maravillosas riquezas narrativas, y sus minuciosas descripciones nos sientan en primera fila para disfrutar, capítulo tras capítulo, las escenas más intrigantes de este crimen, que no quedará sin castigo.

octubre 01, 2009

Don Quijote de La Mancha

Le tenía un miedo como el diablo a la cruz. ¿Quién no le teme al “Don Quijote de La Mancha”? No todos los días se lee un libro que sobrepasa las mil páginas, y menos siendo de una época tan diferente a nuestra turbulenta era del siglo XXI.

La lectura del “Don Quijote de La Mancha” me llegó a destiempo, ya que durante mis años de colegial siempre evadí sumergirme en el fascinante mundo de caballeros andantes, por temor a verme devorado entre tantas y tantas páginas. Pero una vez me decidí a leerlo terminé completamente fascinado con las peripecias de El Caballero de la Triste Figura y de su gordiflón camarada Sancho Panza.

Al principio fue difícil ponerme en contacto con el ambiente de la obra, ya que me tocó leerlo durante mi estadía en la ciudad del sol, Miami. A mi alrededor se fusionaban los avances de infraestructura de aquella bella ciudad, y los bosques y molinos de La Mancha, formando un neoquijote en mi propio ambiente.

Me imaginaba a Dulcinea sentada en un restaurante al aire libre en la ciudad de Miami Beach, y a Don Quijote y su amigo Sancho cabalgando por los pantanos de los Everglades entre animales salvajes y plantas venenosas.

Mientras lo leía recibí el comentario de una amiga que intentó leer la clásica obra y terminó por confinarlo a lo más recóndito de un armario y lo encerró bajo llaves, pues decía que entre los deliquios que le estaba produciendo la lectura, creía ver el grueso ejemplar convertirse en un perro feroz que amenazaba con devorarla. Cada vez que cruzaba cerca del armario decía escuchar los rugidos caninos del perro queriendo atraparla. Imagínense, hubiese sido el primer caso en la Historia en que un libro devora a un ser humano.

Al igual que mi amiga, ésa era mi manera de pensar sobre esta voluminosa obra, antes de internarme entre sus páginas. Las ocurrencias de Don Quijote y de su entrañable amigo y compañero de aventuras Sancho Panza, matizadas con un verdadero sentido del humor, hicieron que esta obra me resultara amena. Sus laberínticas ocurrencias mantienen al lector en un constante vaivén entre la realidad y la fantasía.

Las amenas conversaciones entre amo y escudero que se suceden en todas las aventuras, van desvelando la personalidad de cada uno de ellos, y en su trasfondo encontramos una amistad abigarrada pero entrañable. ¿Y quién no se identifica con esta amistad? Todos alguna vez nos hemos encontrado con un Quijote, con la cabeza atiborrada de ideales, mientras que el mundo lo tilda de loco.

Y son muchos los afectados con este síndrome de locura caballeresca, pues la obra de Cervantes ha influido en tal grado las técnicas y procedimientos de las novelas posteriores que se ha llegado a asegurar que éstas reescriben El Quijote o lo contienen de manera implícita. Algunos de los escritores más influenciados son Mark Twain, Herman Merville, William Faulkner, José Joaquín Fernández de Lizardi, José Echeverría, Rubén Darío, Alejo Carpentier y Gabriel García Márquez, entre otros.

Entre las grandes obras de la literatura española y de la literatura universal, sin duda alguna se encuentra “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, escrita por Miguel de Cervantes Saavedra, en 1605 la primera parte, y en 1615 la segunda.

En mi opinión El Quijote es el Génesis y el Apocalipsis de la narrativa, porque la literatura es eso, un mundo donde las cosas no son lo que realmente aparentan. Y esta es la base de la obra de Cervantes. Si bien es cierto que es un libro dotado de dientes y colmillos, la clave para no ser devorados está en familiarizarnos con él, entonces al final quedará convertido en un humilde cachorrito.

Escritor dominicano radicado en EE.UU. es galardonado con premio literario Giralda, España

West Palm Beach, FL.-  El escritor dominicano Rafael Felipe Rodríguez ha sido galardonado con el segundo premio del VIII Certamen Interna...

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