mayo 29, 2009

La Madre en la Literatura

Toda madre debiera llamarse maravilla. Asi escribió el ilustre José Martí. Acabo de leer esta frase, pero me doy cuenta que yo la he vivido toda mi vida. Mi madre vive en la República Domincana, pero aun en la distancia sus palabras hacen magia cuando su voz resuena a través de las ondas telefónicas.

Hace dos años que vine a vivir a los Estados Unidos, y en ese tiempo que llevo separado de mi madre, he llegado a entender su forma de ser y su afán de saber “a dónde vas, con quién vas, a qué hora vuelves”.

Siempre he considerado el vínculo madre-hijo como uno de los grandes misterios del mundo. Yo crecí en una familia de escasos recursos, pero eso no impidió para que mi madre me diera una educación que no siendo la mejor, es muy buena. No me dio viajes, ni lujos ni ropas caras, pero me dio lápices, libros, cuadernos y un abrazo cuando las dificultades parecían arruinarlo todo.

Y fue inmerso en estas reflexiones como empecé a relacionar las palabras “libros” y “madre”, y descubrí en mi memoria a grandes autores que han convertido la maternidad en su musa o en su símbolo para representar momentos, situaciones o conflictos.

La poesía, la novela, el cuento, en casi todos los géneros literarios se ha abordado el tema de la madre, y muchas de estas obras que se han escrito hoy son consideradas como grandes piezas de la literatura universal.

Sin embargo, no todos los autores han caracterizado a las madres por su perfil maternal, sino que han tomado otros rasgos para reflejar su escencia real. Muchas veces estas mujeres son vistas en la literatura como parte de un mundo en el que se ven envueltas por situaciones comunes, pero que se hacen más relevantes por el solo hecho de ser mamá.

El caso de “Anna Karénina” del escritor ruso Lev Tolstoi, el personaje de Anna se ve envuelto en un dilema: renunciar a su pasión como mujer —pues está enamorada de un hombre que no es su marido— o renunciar a su hijo y a su consecuente amor de madre —pues su esposo amenaza con separarla de su hijo si llegara a abandonar el hogar—.

También dentro de la literatura rusa se encuentra uno de los más grandes clásicos de la literatura universal: “La madre”, de Máximo Gorki, uno de los grandes exponentes del realismo solcialista. En esta obra, Gorki utiliza el personaje de una madre campesina para reflejar el despertar del pueblo ruso a la realidad socialista y para atacar a las instituciones zaristas.

En la literatura latinoamericana, la madre ha sido evocada más en la poesía que en cualquier otro género. Poetas como Gabriela Mistral, Salomé Ureña de Henríquez, Miguel Hernández, Rafael Alberti, han dedicado su pluma a exaltar la imagen materna, adornándola con la estética y delicadeza de la poesía.

Aunque el abordaje del tema de la madre que se ha hecho en el mundo de las letras es innumerable, creo que no es suficiente, ya que mucho más incalculable es lo que un sentimiento puede inspirar, y tanto más en este caso. Así lo dijo Salomé Ureña:

“Mi voz escucha: la lira un día
un canto alzarte quiso feliz,
y en el idioma de la armonía
débil el numen ¡oh, madre mía!
no hallo un acento digno de ti”.

mayo 22, 2009

A propósito de Mario Benedetti: "Quién de nosotros"

Nunca imaginé que la primera lectura que hice del uruguayo Mario Benedetti, iba a coincidir prácticamente con la muerte del escritor de 88 años.
Hace unos días, en una visita relámpago que hice a la ciudad de Aventura, en el estado de la Florida, entré en una librería Barnes & Noble, y sin mucho buscar encontré un libro que, por su tamaño, me llamó mucho la atención.

El libro solamente cuenta con 112 páginas, y esto me motivó a autorretarme con una lectura sin pausa, en menos de dos horas. Lo más curioso es que hacía varios días que mi maestro, el escritor y periodista José Carvajal, me había recomendado leer a Benedetti, pero todavía no me decidía.

Y cuando al fin me decido, lo hago a manera de juego —la literatura en sí es un juego, en el que no se sabe quién gana o quien pierde—. Empecé a leer el pequeño libro —que resultó ser uno de los más grandes del autor uruguayo— y en menos de media hora estaba que languidecía del hambre, pues ya había pasado el mediodía y aún no había almorzado. Pero me fui adentrando poco a poco en la narración, que cuando me vine a dar cuenta estaba leyendo la frase final de la obra: “¿Quién de nosotros juzga a quién?”

Como de costumbre, antes o después de haber leído una obra, me gusta hacer algunas averiguaciones sobre la misma, y anotar algunos de los datos relevantes en mi bitácora personal de lectura. Fue entonces que descubrí que la corta novela que acababa de leer era nada más y nada menos que la primera obra narrativa de Mario Benedetti.

“Quién de nosotros” me dejó perplejo, la verdad, pues en ella se condensa un mensaje que se detiene en la premisa de que las cosas negativas suceden, en muchas ocasiones, atraídas por nuestros presagios y falta de optimismo. Vemos que uno de los protagonistas y narradores de la historia (Miguel) aumenta día a día el desamor de su esposa Alicia tras la decisión mental de que ella no lo quería, sino que amaba a su rival llamado Lucas.

Y esto es confirmado en la misma historia, cuando Alicia —que abandona a su marido para irse con Lucas— le escribe una carta en la que le da las razones de por qué se fue. A pesar de que el tema de la novela, el triágulo amoroso, ha sido bastante tratado en la literatura, sin duda alguna esta obra es un maravilloso medio que el autor utiliza para develarnos algo más relevante aún: la soledad humana.

“Quién de nosotros” es una excelente novela, tanto por el tema, el mensaje y las técnicas del autor, como por la extensión de la misma. Creo que Benedetti puso punto final a la historia cuando debió ponérselo. Considero que en la literatura esto es un arte que va más allá de escribir bien, pues muchas obras mueren ahogadas en sus propias letras cuando rebasan en tamaño el final apropiado.

Nunca me imaginé, aquella tarde de mayo en que leía la primera obra narrativa de Benedetti, que el autor estaba apostando los últimos días de su vida; como tampoco me imaginé que dicha novela iba a influir tanto mi vida durante los próximos días, pues todavía antes de escribir el presente artículo, estaba pensando en el principal mensaje que nos quiso dar el autor: “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”.

Del autor no podemos decir lo mismo, pues su pérdida no ha sido completa, ya que de él ha muerto lo que algún día tenía que morir; lo demás ha quedado vivo, y seguirá viviendo mientras curiosos lectores vayan a las librerías en busca de obras cortas —y largas— de excelente calidad literaria. Como dijo el cuentista dominicano Juan Bosch: “Nadie se muere de verdad si hay en el mundo quien respete su memoria”.

mayo 12, 2009

Lecturas Místicas: Santos y Doctores de la Iglesia

A través de mis pasos por los caminos —que son muy cortos— de la literatura, me he encontrado con obras famosas que me han brindado además de cultura y conocimiento, crecimiento espiritual. Y estas obras no son más que los escritos místicos que nos han quedado como testimonio de la vida, el conocimiento y el pensamiento profundo de muchos que hoy son llamados santos y doctores de la Iglesia, en este caso de la Iglesia católica.

Es muy frecuente que en cuanto hacemos alusión a la literatura mística se piense inmediatamente, casi de forma automática o subconsciente, en sor Juana Inés de la Cruz y San Juan de la Cruz, quienes han sido considerados, y con justa razón, como dos de los más grandes escritores que ha dado este tipo de literatura.

Pero no solamente estos dos grandes místicos han llevado su mensaje a la universalidad a través del bello arte de escribir. Hay una innumerable lista de grandes teólogos, filósofos, doctores y en ocasiones simples religiosos, que nos han legado una maravillosa bibliogafía de literatura mística.

La mística —cuyo significado hace referencia a lo religioso-misterioso— es considerada una rama de la teología que trata de la vida espiritual y contemplativa. Pero yendo un poco más allá, al sentido y significado amplio de la palabra, la podemos incluir en el marco de todas las experiencias que, de una forma u otra, guardan estrecha relación con lo divino.

Uno de estos libros místicos en los que he encontrado manantiales de virtudes teologales es el “Diario” de santa Faustina Kowalska, escrito a través varios años, desde que experimentó una revelación que recibiera de Jesús, en la que se le encomendó llevar a cabo una misión. Dicha misión desembocaría en lo que hoy es conocida como una de las devociones católicas que goza de mayor popularidad y número de seguidores: la devoción a la Divina Misericordia.

Este libro contiene un maravilloso mensaje de misericordia, el que no se deja de transmitir a cada página que se voltea hacia la izquierda. A través de esta obra, la declarada santa Faustina nos revela su unión e intimidad con su Cristo, su Dios, y nos va encaminando por las sendas de la paciencia, el respeto y la disciplina.

Cabe destacar otras obras místicas de sumo valor que a cada palabra nos alimentan de fe y de fortaleza espiritual. “Imitación de Cristo” de Thomas de Kempis es una de las obras más insignes de la literatura mística, y se encuentra entre los libros católicos más traducidos y más vendidos del mundo —el segundo después de la Biblia—; por su valioso mensaje ha sido fuente de la que han bebido muchos pensadores tales como Teresita de Lisieux y san Juan Bosco.

Otro nombre que indefectible mente hace eco de popularidad es el de Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada, mejor conocida como Santa Teresa de Jesús (o de Ávila), que cultivó el género de poesía épico-religiosa impregnando en sus escritos un estilo muy único y personal. Entre sus obras más celebradas están “Camino de perfección” y “Las moradas”. Gracias a su obra ha sido llamada Doctora de la iglesia.

Siguiendo con nuestra mirada hacia los autores y sus escritos místicos llegamos hasta uno de los personajes más trascendentales y enigmáticos de todos los tiempos: San Agustín de Hipona. Por sus escritos de incalculable valor teológico y por sus influencias en el mundo posterior, a San Agustín se le ha denominado Doctor y Padre de la iglesia latina. Su obra más significativa es “Confesiones”.

Y si seguimos la lista sería infinita, como infinito es el valor moral y literario de muchos de estos escritos. Es por ello que a la lectura de libros mundanos siempre la he acompañado con la literatura mística; la una me brinda conocimiento y cultura para ser mejor escritor, y la otra me ofrece las delicias espirituales que nos forjan como mejores individuos. De esta manera alimento dos de los tres elementos que conforman el ser humano: alma y espíritu. Al cuerpo prefiero alimentarlo con arroz, habichuela y carne.

mayo 04, 2009

Anna Karénina

La novela está dividida en ocho partes. Comienza con una de las frases más citadas: "Las familias felices son todas iguales; las familias infelices lo son cada una a su manera."

La Primera Parte, introduce el personaje del príncipe Stepán Arkádievich Oblonsky ("Stiva"), un funcionario que le ha sido infiel a su mujer Darya Aleksándrovna ("Dolly"). Stiva llama a su hermana casada, Anna Karénina, desde San Petersburgo para que convenza a Dolly de que no lo abandone.

Cuando está llegando a Moscú, un trabajador del ferrocarril cae accidentalmente en las vías del tren, presagiando el fatal fallecimiento de la propia Anna. Mientras tanto, un amigo de la infancia de Stiva, Konstantín Dmítrievich Levin llega a Moscú para proponerle matrimonio a la hermana menor de Dolly, Catalina Aleksándrovna Shcherbatsky ("Kitty"). Kitty lo rechaza esperando una oferta de matrimonio del oficial Conde Alekséi Kiríllovich Vronsky. Pero a pesar de su interés por Kitty, Vronsky no tiene interés en casarse con ella. Pronto se enamorará de Anna, después de conocerla en la estación de tren de Moscú y haber bailado una mazurca con ella en una fiesta.

Anna, sorprendida por su respuesta a Vronsky, regresa enseguida a San Petersburgo. Vronsky la sigue en el mismo tren. Levin regresa a su granja, abandonando toda esperanza de matrimonio, y Anna regresa con su marido, Alekséi Aleksándrovich Karenin, un oficial del Gobierno, y su hijo Seriozha.

En la Segunda Parte, Karenin regaña a Anna por hablar demasiado con Vronsky, pero después de un tiempo, ella vuelve a su relación con Vronsky y queda embarazada de un hijo suyo. Anna se muestra angustiada cuando Vronsky se cae en una carrera de caballos, haciendo evidentes para la sociedad sus sentimientos y obligándole a confesárselos a su marido. Cuando Kitty se entera de que Vronsky prefiere a Anna sobre ella, se va de vacaciones a Alemania para recuperarse.

La Tercera Parte examina la vida de Levin en su granja rural. Dolly se encuentra con Levin e intenta revivir sus sentimientos por Kitty. Dolly parece no haberlo conseguido, pero finalmente Levin se da cuenta de que aun la sigue queriendo. De nuevo en San Petersburgo, Karenin se niega a separarse de Anna y le amenaza con no dejarla ver a su hijo Seriozha si lo abandona.

Sin embargo en la Parte 4, Karenin encuentra la situación intolerable y empieza a pensar en el divorcio. El hermano de Anna está en contra y convence a Karenin de que hable con Dolly primero. Una vez más, Dolly parece que fracasa en su tarea, pero Karenin cambia sus planes cuando descubre que Anna está muriendo durante el parto. Al lado de ella, Karenin perdona a Vronsky, quien intenta suicidarse por el remordimiento. Sin embargo Anna se recupera, habiendo dado a luz a una hija a la que llama Anna ("Annie"). Vronsky planea marcharse a Tashkent, pero cambia de opinión al ver a Anna, y los dos se marchan a Europa sin haber obtenido el divorcio. Por otro lado, Stiva planea un encuentro en el que Levin y Kitty se reconcilian.

En la Parte 5, Levin y Kitty se casan. Unos meses más tarde, Levin se entera de que su hermano Nikolái se está muriendo. La pareja acude con él, y Kitty lo cuida hasta que muere, a la vez que se entera de que está embarazada.

(Con autorización para reproducir)

mayo 01, 2009

Mira si yo te querré

Catarsis crónica. Eso es lo que me ha provocado la post lectura de esta historia. Y digo “post” porque no así al final, durante toda la novela me la pasé muy entusiasmado y expectante con lo que sucedería al final. No que no me haya gustado su final, pero me dejó tan afectado de conmiseración que todavía me siento deambulando entre las dunas del Sáhara.

Por más que uno así lo crea nunca se está preparado para el final de un libro. Y no se trata de que suceda o no lo que esperamos sino más bien la sorpresa que nos tiene reservada el autor, esto quizás como una muestra de agradecimiento por haber leído —y en ocasiones comprado— su libro.

Esta novela, que se desliza por una espiral de acontecimientos casi alucinados, nos cuenta una de las historias de amor más tristes y menos románticas que yo haya vivido —leer un libro es vivir lo que se narra; si no se vive es porque el libro es un cadáver—. Aunque me duela reconocerlo ya me había dibujado si no completo por lo menos parte del final: pensaba que era una de esas historias en donde “al final todos fueron felices para siempre”.

“Mira si yo te querré”, del español Luis Leante, fue ganadora del Premio Alfaguara 2007. Esta obra —que toma su nombre de un verso de la canción “Las Corsarias”— nos cuenta la historia de Santiago San Román, un joven humilde, de sobrada picardía, que termina en el desierto del Sáhara como miembro del ejército; y de Montserrat Cambra, la hija de un médico y profesor, perteneciente a la alta burguesía barcelonesa de los años setenta.

El resultado del cruce entre las vidas de Santiago y Montserrat nos queda vedado hasta las últimas páginas del libro, adonde nos lleva el autor a través de las peripecias que vivió la también doctora Cambra en su viaje a la región del Sáhara en busca de su amor de juventud, el que ella consideraba muerto hacía más de veinticinco años; y lo que en realidad sucedió con San Román.

A medida que vamos avanzando en sus páginas, “Mira si yo te querré” nos muestra también el cruce de dos culturas, a las que unen asuntos políticos, y el proceso de cómo España perdió la última de sus colonias, dando inicio a una nueva era en la vida de este país.

Desde el principio, el autor nos mantiene en un suspenso emocionante, alternando diferentes historias con distintos usos, voces y estilos narrativos, y que al final se enlazan con una misma cuerda.

Cuando llegamos a los capítulos que cierran esta historia, nos encontramos con los estragos de la guerra, de la soledad. Montse encontra lo que buscaba en su viaje: Santiago San Román. Pero es el lector quien la lleva a descubrirlo. Más bien, es el lector quien lo descubre, ¿o es que Montserrat Cambra y el lector son el mismo?

(Con autorización para reproducir)

Escritor dominicano radicado en EE.UU. es galardonado con premio literario Giralda, España

West Palm Beach, FL.-  El escritor dominicano Rafael Felipe Rodríguez ha sido galardonado con el segundo premio del VIII Certamen Interna...

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