A través de mis pasos por los caminos —que son muy cortos— de la literatura, me he encontrado con obras famosas que me han brindado además de cultura y conocimiento, crecimiento espiritual. Y estas obras no son más que los escritos místicos que nos han quedado como testimonio de la vida, el conocimiento y el pensamiento profundo de muchos que hoy son llamados santos y doctores de la Iglesia, en este caso de la Iglesia católica.Es muy frecuente que en cuanto hacemos alusión a la literatura mística se piense inmediatamente, casi de forma automática o subconsciente, en sor Juana Inés de la Cruz y San Juan de la Cruz, quienes han sido considerados, y con justa razón, como dos de los más grandes escritores que ha dado este tipo de literatura.
Pero no solamente estos dos grandes místicos han llevado su mensaje a la universalidad a través del bello arte de escribir. Hay una innumerable lista de grandes teólogos, filósofos, doctores y en ocasiones simples religiosos, que nos han legado una maravillosa bibliogafía de literatura mística.
La mística —cuyo significado hace referencia a lo religioso-misterioso— es considerada una rama de la teología que trata de la vida espiritual y contemplativa. Pero yendo un poco más allá, al sentido y significado amplio de la palabra, la podemos incluir en el marco de todas las experiencias que, de una forma u otra, guardan estrecha relación con lo divino.

Uno de estos libros místicos en los que he encontrado manantiales de virtudes teologales es el “Diario” de santa Faustina Kowalska, escrito a través varios años, desde que experimentó una revelación que recibiera de Jesús, en la que se le encomendó llevar a cabo una misión. Dicha misión desembocaría en lo que hoy es conocida como una de las devociones católicas que goza de mayor popularidad y número de seguidores: la devoción a la Divina Misericordia.
Este libro contiene un maravilloso mensaje de misericordia, el que no se deja de transmitir a cada página que se voltea hacia la izquierda. A través de esta obra, la declarada santa Faustina nos revela su unión e intimidad con su Cristo, su Dios, y nos va encaminando por las sendas de la paciencia, el respeto y la disciplina.
Cabe destacar otras obras místicas de sumo valor que a cada palabra nos alimentan de fe y de fortaleza espiritual. “Imitación de Cristo” de Thomas de Kempis es una de las obras más insignes de la literatura mística, y se encuentra entre los libros católicos más traducidos y más vendidos del mundo —el segundo después de la Biblia—; por su valioso mensaje ha sido fuente de la que han bebido muchos pensadores tales como Teresita de Lisieux y san Juan Bosco.
Otro nombre que indefectible mente hace eco de popularidad es el de Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada, mejor conocida como Santa Teresa de Jesús (o de Ávila), que cultivó el género de poesía épico-religiosa impregnando en sus escritos un estilo muy único y personal. Entre sus obras más celebradas están “Camino de perfección” y “Las moradas”. Gracias a su obra ha sido llamada Doctora de la iglesia.

Siguiendo con nuestra mirada hacia los autores y sus escritos místicos llegamos hasta uno de los personajes más trascendentales y enigmáticos de todos los tiempos: San Agustín de Hipona. Por sus escritos de incalculable valor teológico y por sus influencias en el mundo posterior, a San Agustín se le ha denominado Doctor y Padre de la iglesia latina. Su obra más significativa es “Confesiones”.
Y si seguimos la lista sería infinita, como infinito es el valor moral y literario de muchos de estos escritos. Es por ello que a la lectura de libros mundanos siempre la he acompañado con la literatura mística; la una me brinda conocimiento y cultura para ser mejor escritor, y la otra me ofrece las delicias espirituales que nos forjan como mejores individuos. De esta manera alimento dos de los tres elementos que conforman el ser humano: alma y espíritu. Al cuerpo prefiero alimentarlo con arroz, habichuela y carne.
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